Hay días que me gusta inventar lo que escribo y hay días que me gusta quejarme. A veces me quejo varios días seguidos y parecerá que me he enfadado con el mundo, pero es casualidad. Es más, creo que los días que me invento historias lo hago por no quejarme tanto y porque prefiero mirar hacia la ficción, porque la realidad es demasiado cabreante y las historias inventadas me sacan una sonrisa mientras las escribo. Pero hoy voy a quejarme, como ayer. Hoy voy a quejarme de los listos, que son listos y creen que los demás somos tontos. De los listos que en la cola del supermercado te piden pasar porque llevan sólo tres cosas, y tu llevas cinco; de los listos que se saltan la cola en las tiendas con la excusa de "sólo voy a preguntar si tienen una cosa, por no esperar si no la tienen", y cuando les dicen que sí, la quieren pedir y pagar; de los listos que con su inteligencia suprema saben que el semáforo se pone en verde después de estar rojo, cuando el resto tenemos que esperar a comprobarlo, porque somos tontos y no lo sabemos, y se adelantan antes de que pase a verde; de los otros listos que saben que en los cruces pasan unos segundos desde que se pone rojo para ellos hasta que para los que cruzan se ponga en verde, y apuran pasando durante esos segundos en rojo y confiando en que los que cruzan no sean listos. Eso hasta que el listo que se adelanta se encuentra con otro listo que apura, y dejan el suelo lleno de cristales rotos mientras discuten con los coches en el medio, porque piensan que no puede haber otro igual de listo que ellos, y el otro debe ser un tonto que no se entera. Lo vi no hace mucho en primera fila. Y luego están los listos que ocupan los aparcamientos libres de los garajes, porque saben que sus dueños no viven allí, y no pagan comunidad, ni alquiler ni nada; igual que los listos que aparcan delante de los vados porque piensan que los diez minutos que ellos tardan en encontrar un aparcamiento libre valen las que los diez minutos que tienen que esperar los que usen el vado. Hoy estoy cansado de listos, y no necesito inventarme nada para hablar de ellos.
sábado, 28 de junio de 2014
Qué gran esfuerzo 05/06/14
Ya me quejé de que muchas veces no nos ponen fácil reciclar, pero es que algunos ni aunque les lleven el contenedor a la puerta. ¿Tanto cuesta doblar una caja para que quepa por la abertura? ¿Tanto abrir una bolsa de periódicos para verterla en un contenedor vacío? Algunos está claro que no quieren reciclar cuando prefieren dejar la calle como un basurero antes que doblar un cartón.
viernes, 27 de junio de 2014
Ríete joé 03/06/14
Nos hacen falta risas, dar los buenos días, decir hola al llegar y adiós al irnos, pedir las cosas por favor, atender con una sonrisa, devolver otra, responder con algo más que un "no se" y dar las gracias. Sonreír cuando nos miran a los ojos sin pensar que qué estarán mirando y pedir perdón cuando nos chocamos con alguien. Nos hacen falta risas y no está mal que nos lo recuerden de vez en cuando. "¡Ríete joé!".
Sorpresas 04/06/14
En medio de un barrio construido en los setenta, sin apenas parques, con edificios altos y calles estrechas ocupadas por coches rodando o en doble fila, sin árboles, con ruido de motores y olor a tubo de escape, en el que todo parece asfalto y hormigón, de pronto, en el medio de todo, un patio con árboles en el que estar tranquilo. A veces encontramos sorpresas donde menos las esperamos. A veces alguien encuentra un hueco en el que construir un pequeño paraíso en el que olvidarse de lo que hay fuera.
P. D.: La foto es una composición de varias hecha de forma automática por el teléfono, por eso aparecen sombras y uniones raras.
Prohibido pagar 02/06/14
Prohibido esto, prohibido lo otro. Tenemos tantas cosas prohibidas que a muchas no les hacemos ni caso, así que se preocupan en recordárnoslas. Entrar en un supermercado y encontrar tantos carteles de prohibido asusta un poco, porque uno piensa que seguro que va a hacer algo mal antes de salir, así que lo suyo es revisar bien los carteles para que nada se nos olvide. ¡Vaya! Lo único que no está prohibido aquí es pagar, para eso si te dan facilidades...
El charco 01/06/14
El charco se resiste a irse. La tormenta que trajo las nubes que soltaron la lluvia que dejó el charco fue rápida y ya está lejos, pero el charco se mantiene, aunque ya sólo refleje un cielo azul casi sin nubes y unos edificios que relucen al sol. El charco llegó para quedarse en medio del paso de los vecinos, para que todos recuerden la escasa lluvia que cae en junio, la echen de menos o la echen de más en unos días en los que muchos ya no querrán saber nada de agua que esté fuera de la piscina. El charco se irá evaporando poco a poco, sin prisas, para que el día que falte nadie se acuerde de su presencia, igual que nadie se acuerda del primer día que dejó el abrigo en casa. El verano está a la vuelta de la esquina y los últimos charcos se resisten a irse, porque saben que no volverán en mucho tiempo.
miércoles, 25 de junio de 2014
Campanas de boda 31/05/14
Suenan campanas de boda y no es una forma de hablar. Se oyen campanas y sí sabemos dónde, aunque poca gente hace caso a su tañido por muy cerca que lo tengan. Suenan campanas que nadie escucha y que anuncian calor y cansancio, pero al calor y al cansancio se le hace igual caso que a las campanas, porque las risas y los abrazos suenan con más fuerza, haya sombra o sol. Se oyen la música y los flashes de las cámaras, y se escuchan los corazones latir con fuerza al coger el último aliento y lanzar el último suspiro. Suenan los pasos que llegan con calma nerviosa al altar, los ojos llorar entre sonrisas, los recuerdos retumbar entre deseos y las palabras temblar entre los dientes. Se escuchan los aplausos, el chocar de las copas, las lágrimas correr por las mejillas, las fotos, las carreras para saludar y agradecer y hasta las arrugas aparecer en las camisas. Suena la alegría. Una alegría que no necesita anunciarse con campanas, pero que hoy se escucha entre campanas de boda.
viernes, 20 de junio de 2014
"To pa ná" 29/05/14
Vestido de ochenta euros, pamela de veinte, pulsera de quince, reloj de noventa, bolso de treinta, medias de diez y zapatos de tacón de treinta y cinco. Treinta más de peluquería y maquillaje, y a la calle camino de la boda con pinta de querer salir en el HOLA. Quince minutos de camino hasta la iglesia, ceremonia de cuarenta y cinco y diez de espera a los novios en la puerta son suficientes para decir "hasta aquí hemos llegado", quitarse los zapatos y descalza enganchar las medias con la acera. Con una carrera hasta la pantorrilla y los zapatos en la mano contraria al bolso, echa cuentas y comprueba que estuvo más tiempo buscando los zapatos de tacón que con ellos puestos. Total, "to pa ná".
Se alquila parcela 28/05/14
¿Quién va a querer alquilar una parcela? Si en una parcela no hay nada, está el suelo solo y todo lo que necesites construir lo vas a tener que construir tu. ¿Y lo que yo construya se lo queda luego el propietario del suelo? Pues vaya negocio, será mejor comprar. Bueno, pues depende para qué, porque si lo que piensas es comprar una parcela para construir una casa en la que vivir muchos años, no vas a alquilar el suelo, porque vivir allí no te va a aportar más que gastos y el día que se termine el alquiler el propietario se queda con su suelo y lo que haya construido encima, eso si no te obliga a tirar lo que esté construido porque no le interese. Pero muchos negocios se construyen sobre suelos alquilados, ante sorpresa de muchos, entre ellos casi todas los grandes supermercados y grandes cadenas de venta de muebles o electrodomésticos, porque a ellos sí les sale rentable. Alquilan un suelo por quince o veinte años, construyen algo un poco mejor que una nave industrial y al día siguiente están ganando dinero vendiendo lo que sea, con lo que pagan el alquiler como parte de sus costes. Cuando se han cumplido los veinte años la empresa valora si siguen estando situados en un lugar estratégico, porque en veinte años pueden cambiar muchas cosas, y deciden si se quedan otros veinte o se van a otra parte de la ciudad más atractiva. ¿Y qué pasa si salen las cosas mal y a los cinco años tienen que cerrar? Pues seguramente ya hayan rentabilizado la construcción, y si no lo han hecho habrían perdido más aun por haber comprado teniendo que asumir el valor del suelo como un coste, y encima ahora tendrían que venderlo, expuestos a que el mercado haya subido o no, porque si no es un lugar atractivo para ellos, raramente lo será para nadie.
Otro de los motivos es que los grandes supermercados suelen tener ventajas fiscales por situarse en Peraleda de los Montes de Arriba en vez de en Peraleda de los Montes de Abajo, porque los de Arriba y los de Abajo se suelen pelear para que el supermercado se instale en su territorio, y estando de alquiler es más fácil salir corriendo de Arriba a Abajo detrás de las ventajas económicas. En este caso, el de un solar dónde no hay nada, de dónde no hay nada, sí se puede sacar.
martes, 17 de junio de 2014
En los huesos 27/05/14
Lo vieron anunciado en televisión y a todos les pareció una buena idea. Una mezcla entre un puzle y un juego de anatomía que a los hijos pareció divertido y a los padres educativo, repartido en entregas semanales durante un año. En fascículos, como se suele decir, acompañando una pequeña enciclopedia dividida en capítulos. El primero de ellos anunciado a un euro y los dos siguientes a poco más. El resto anunciado en una letra tan pequeña y pasando tan rápido por la parte baja de la pantalla que nadie se paró a leer, absortos por los llamativos colores de los diferentes órganos del cuerpo humano. Los padres vieron una forma barata de conseguir un producto interesante, con el que sus hijos se divertirían aprendiendo, y sólo lo dudaron durante la hora y media siguiente, que sus hijos llenaron de pesadas súplicas. Si les gusta tanto como para dejar de ver el Canal Disney durante hora y media, merecerá la pena.
Al día siguiente estaban todos en el quiosco para recoger el primer fascículo y al rato tenían en casa el cráneo completo. Huesos, ojos y cerebro. Cada semana una visita al quiosco, cada semana el puzle mejor formado, cada siete días aprenderían algo más de cómo estamos hechos por dentro, ahí dónde todo el mundo dice que hay que buscar la belleza.
Pasaron dos meses y Martín, que era el nombre que pusieron al esqueleto, estaba arrinconado detrás de una puerta. Los niños se habían cansado de esperar toda una semana para poder componer algunas piezas más, y todo un año para tener un juguete terminado. No resulta divertido poner y quitar más una mandíbula cuando lo has hecho ya diez veces. A los cuatro meses fueron los padres los que se aburrieron de pagar semanalmente una cuota tan diferente a la inicial por un juguete que no parecía estar terminado nunca. Dejaron de ir al quiosco con la menor excusa, que fue la semana que pasaron de vacaciones fuera. El quiosquero les había dicho que él les guardaría el paquete una semana, pero ellos prefirieron hacer oídos sordos, y al lunes siguiente les resultó más fácil dejar a Martín a medias, porque ya habían perdido la opción de ponerle el brazo derecho. Todos descansaron. Menos Martín, que se quedó en los huesos.
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