Empieza el año y todos empezamos a felicitarnos por ello unos a otros. Hay quien sólo felicita el año hoy y mañana, y hay quien te encuentras en semana santa y si no te ha visto desde el año anterior todavía te felicita. Como dijo el torero: "Hay gente pa tó". También es el momento en el que muchos se prometen hacer las cosas que no han conseguido años anteriores, aunque años anteriores también se las habían prometido, y es que como dijo el torero: "Hay gente pa tó". Las promesas más comunes suelen ser: estudiar más si eres estudiante; aprender inglés si quieres mejorar en el trabajo; hacer deporte si el trabajo te tiene muchas horas sentado; adelgazar si los turrones han terminado por colmar tu barriga por encima del cinturón y dejar de fumar si el tabaco está vaciando tu cartera al ritmo que tu rellenas las camisas. Como dijo el torero: "ca uno es ca uno". Empezamos haciéndonos grandes promesas y pronto las vamos reduciendo: "Ya empezaré a correr cuando pase el frío", "dejaré de fumar después de reyes", "el curso de inglés lo cojo a medias"y cosas así. Nos damos cuenta de que los proyectos son muy bonitos sobre plano, pero que lo difícil es llevarlos a la realidad, porque van acompañados de cosas inseparables a nosotros, que sólo vemos cuando los queremos llevar a cabo. Igual que en una plaza de aparcamiento dibujada con un bonito coche dibujado dentro queda que ni pintada, y cuando la vemos construida nos damos cuenta de que no hay forma de abrir las puertas. Cuando pensamos en nuestros proyectos y nos hacemos promesas con ellos, siempre olvidamos que tendremos que abrir las puertas: que para estudiar hay que vencer al aburrimiento, para correr hay que pasar frío, para dejar de comer , hambre y para dejar de fumar, nervios. Así que más nos vale darnos cuenta antes de apuntarnos a inglés, al gimnasio o a dieta, no sea que después de haber pagado el aparcamiento no tengamos como salir del coche.

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