martes, 25 de febrero de 2014

Empeñarse 06/02/14

Los españoles siempre hemos sido muy de empeñarnos. Cuando creemos tener razón, que es casi siempre, no hay quien nos lleve la contraria, lo malo es que a quien tenemos enfrente suele ser otro igual que nosotros que también cree tener razón, y ambos nos empeñamos en demostrarlo, intentando convencer al otro de que está equivocado aunque sea un trabajo imposible. Somos muy de discutir, y hay muchas veces en que nos empeñamos en defender una idea sólo por llevar la contraria al otro, aunque al principio estemos más o menos de acuerdo con él, pero terminamos discutiendo, empeñados en no parecer que damos la razón. Es la salsa de la vida, dicen muchos, lo que da sabor a esa seca pechuga de pollo que no lo tiene y que sería sacar cualquier tema, que el otro nos de la razón, y que se termine la conversación. 

Somos muy de empeñarnos, y los empeños vuelven con fuerza en los tiempos de crisis cuando aparecen por doquier otras personas que nos ofrecen dinero por nuestras cosas, sin discutir. Te guardo tus joyas durante un tiempo, te presto dinero y pasas a recuperarlas cuando estés recuperado tu, pagando la comisión que yo considero justa por el depósito, y si no pasas en plazo la comisión se vuelve posesión, porque te quedas sin joyas, pero sin discutir. Ahora están de moda los empeños de coches, y hay muchas empresas que nos prestan dinero por el nuestro, aunque nos permiten seguir usándolo mientras lo ponen a su nombre o nos hacen firmar un contrato en el que en caso de no devolver el dinero, entregaremos el coche, siempre sin discutir, aunque nos estemos empeñando hasta las cejas. No es muy diferente a una hipoteca de un piso, aunque con los coches muchas de las empresas que prestan dinero sin discutir no son de fiar del todo, por eso discuten poco al prestarlo, pero mientras nos presten el dinero y nos saquen del problema de hoy, nos empeñamos en empeñarnos. Siempre que pedimos dinero prestado, y más en condiciones tan especiales como éstas, es porque pensamos que mañana estaremos mejor que hoy y que podremos pagar lo que hoy no tenemos, pero cuidado con los castillos que hacemos en el aire de nuestros deseos, no vaya a ser que sean castillos hinchables que al pincharse nos queden sin nada más que empeñar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario