La luz llegó y se repartió por la habitación. Al principio le costó ver qué la rodeaba, porque la pesadilla que nubló sus sueños la mantuvo demasiado tiempo con los ojos cerrados, y sus ojos se habían acostumbrado a la oscuridad más de lo que ella habría deseado. Pero venció a la pesadilla. Puso caras a las voces, puso recuerdos a las caras, puso sonrisas a los recuerdos y tomó animo de las sonrisas. Fue una guerra y las guerras son difíciles de olvidar. El camino que queda por delante es difícil de recorrer, pero el que deja por detrás era un camino imposible y ha demostrado que es capaz de superar lo imposible, más ahora que tiene a su lado la ayuda que necesita para hacerlo. La ventana trajo la luz que se convirtió en esperanza y hoy la luz se ha hecho color para convertir la esperanza en alegría, una alegría que le acompaña en los ojos de las personas que la quieren y que la llevan a dar un paso más cada día, un paso más cerca de demostrar que la esperanza es lo último que debe perderse.
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