Alguna vez he llegado a un aseo de un bar y no he sabido qué puerta era la mía porque hay quien se pasa de original tanto que es muy difícil averiguar cuál es el de hombres y cuál el de mujeres, o cuál el de caballeros y cuál el de damas, como se decía antes. En alguna ocasión he tenido que mirar primero dentro en busca de un urinario en la pared para confirmar que entraba en el correcto, pero hay muchos que ni tienen urinario en la pared ni un cartelito identificable en la puerta. Los que diseñan los cartelitos de las puertas recurren a los tópicos para intentar mostrarnos el camino, y lo solemos encontrar porque nos identificamos con dichos tópicos, o porque al menos identificamos los tópicos con el sexo correspondiente. Un bigote y unos labios pintados hacen fácil de reconocer la puerta correspondiente, aunque haya hombres que gusten de pintarse los labios y mujeres con bigote sin ser carnavales. Una falda en una silueta permite que los hombres se encaminen a la otra puerta, menos si estamos en Escocia. Un balón de fútbol y un bolso dejan poco a la imaginación y menos a las quejas de los señores que no les guste el fútbol, pero mucho a las quejas de las señoras a las que sí les gusta, y es que algunos tópicos suelen disgustar porque no siempre son ciertos, y aunque lo sean, generalizar con ellos tiene el peligro de olvidar las excepciones. Al menos, aunque cabreados porque nos metan en un saco que no es el nuestro, debemos agradecer entrar en nuestro aseo sin equivocarnos.
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