jueves, 29 de mayo de 2014

Turismo y turistas 17/05/14

Yo soy turista, pero a la vez vivo en un sitio muy turístico, y a lo mejor por eso me doy más cuenta de lo que pasa. Viajo todo lo que puedo visitando ciudades y monumentos, haciendo fotos, comprando recuerdos y en general haciendo todas esas cosas que hacemos los turistas. Yo lo soy y me doy cuenta de que los turistas somos el principio y el fin de muchas cosas, deseados por los comerciantes y odiados por muchos vecinos. Que un lugar se vuelva turístico supone un cambio radical en su economía, y salir en las guías de moda, en el programa de moda, o entrar en los circuitos de moda puede significar que un pueblo deprimido de pronto empiece a abrir restaurantes y tiendas de recuerdos, revitalizando el pueblo y dando trabajo a sus desempleados, pero por contra convierte el lugar en un museo viviente, y cuando desembarcan varios autobuses con viajeros llegados de varias partes del mundo, a no ser que les quieras vender el queso de la zona, es mejor que salgas corriendo.

Es cierto que hay turistas y turistas, y que mientras unos visitan tranquilamente la zona intentando conocer y aprender cosas nuevas, otros se mueven como hordas bárbaras haciendo todo lo que no hacen en sus casas, pero cuando un lugar es muy visitado, sabes ciertamente que va a haber mucho de ambos tipos, aunque son los segundos los que más llaman la atención. Un ejemplo extremo es lo que supone la llegada de cruceros a un puerto, sobre todo cuando hablamos de puertos en pueblos pequeños. De golpe pueden desembarcar cuatro o cinco mil personas que inundan las calles desplazándose con la rapidez que les exige una parada de pocas horas, intentando ver mucho en poco tiempo. Es un tipo de viajero que además gasta poco dinero porque el tiempo no se lo permite, pero que es rentable por su cantidad, aunque en cada puerto los comerciantes pretendan venderte una alfombra persa, una lámpara de plata o unas sábanas de seda. Hacer un crucero es una forma fantástica de conocer algo de muchos sitios con la comodidad de que el hotel es el que te lleva de uno a otro, por lo que yo he ido de crucero y volveré a ir si puedo, pero al llegar a algunos puertos me quedaba la imagen de ser parte de un rebaño de ovejas que lo revuelve todo a su paso y deja el suelo lleno de "conguitos". 

Siendo turista siempre me queda una sensación contradictoria: por un lado la de estar conociendo un lugar nuevo, ampliando mi visión del mundo y ayudando a prosperar a sus habitantes con mis gastos, pero por otro la de estar contribuyendo a acabar con lo que hace particular a ese lugar, porque una vez que lo inundamos los visitantes se convierte en una caricatura de si mismo, fomentando sólo los tópicos que lo hacen diferenciarse del resto del mundo. Más de una vez me he encontrado visitando "el mercado típico local", en el que los turistas nos hacemos fotos unos a otros comprando imanes para la nevera con la foto de cómo era el mercado cuando de verdad era local. Pero nunca se puede tener todo, y para conocer una plaza hay que pisarla.

miércoles, 28 de mayo de 2014

La suerte está echada 16/05/14

Desde el camerino se escucha el escándalo como si lo tuvieran dentro. El pueblo ha llenado el patio y los balcones, pero es en el primero dónde se monta más alboroto, porque es la parte más llana. Los actores están nerviosos, como siempre, y el autor está confiado, como siempre, pero todos están acostumbrados tanto al éxito como al fracaso. El éxito de un día hace más difícil el del día siguiente porque los espectadores se vuelven más exigentes. El patio está tan lleno que las espadas chocan sordamente debajo de las ropas, sin que nadie las mueva, aunque sus portadores nunca levantan la mano de la empuñadura por si la tarde se complica, y están tan atentos al escenario como a su alrededor. El ambiente está caldeado por el calor de las pesadas ropas y por el vino, y muchos ya portan verduras podridas con las que emitir su juicio al final de la obra. Los actores lo saben, pero prefieren salir corriendo cubiertos de lechuga que perseguidos por el gentío, que suele buscar responsables cuando consideran malgastado su dinero. En el corral se guarda silencio cuando los personajes ya trasformados suben a las tablas, un instante de silencio que vendrá seguido por risas sólo en el mejor de los casos. La gloria será tener el corral lleno otra vez mañana, la suerte está echada.

martes, 27 de mayo de 2014

Cena al fresco 15/05/14

Cae el Sol y según cae arrastra detrás el calor de la tarde fuera de la Plaza Mayor de Almagro. Las mangas de camisa van bajando hasta cerrar en las muñecas y van apareciendo las primeras rebecas y chaquetas que tapan la piel erizada de los brazos al aire. Es una noche fresca de mayo en Castilla, de esas que animan a pasear un poco para que el cuerpo no pierda todo el calor ganado durante el día. En las mesas hay pisto, queso manchego, chuletitas de cordero, berenjenas del lugar y vino de Valdepeñas, y alrededor de las mesas las conversaciones se hacen casi en voz baja, por no alterar la tranquilidad que reina en la plaza. Algunos comensales se dan prisa en apurar sus platos para no llegar tarde al Corral de Comedias, y los camareros comentan con ellos lo que les dicen aquellos que ya han visto la obra. Estamos a una decena de pasos del teatro y todo el que va o viene pasa por aquí. La escena se convierte casi en una obra de teatro en sí, con un escenario perfecto y tramas que envuelven a los personajes que se mueven por él. La pareja que discute, los amigos que ríen, los niños que juegan en los soportales... Las mejores historias salen de la vida corriente de las personas corrientes, y en una cena al fresco hay mucha chicha de la que sacar historias.

Don Federico Relimpio 14/05/14

Don Federico siempre llevó los zapatos brillantes, el traje planchado y los puños de la camisa de un blanco impoluto. Tenía una habilidad especial sorteando los charcos y los regalos que iban dejando atrás perros, vacas y caballos, y jamás llegó a manchar ni la punta del bastón. Tras su paso, la calle seguía oliendo a él por un rato y los vecinos podían buscarle por el pueblo, gracias al rastro fresco de su colonia en las esquinas. Su barba estuvo siempre recién afeitada y su pelo siempre recién peinado ya fuera a trabajar, o ya viniera trabajado, y su blanca dentadura jamás perdió la sonrisa ni el color. Era tan limpio que le cambiaron el apellido y le pusieron Relimpio, y ya nadie se acuerda del que heredó de su padre. En su honor pusieron nombre a una calle y en ella nadie se atreve a sacar la basura a la puerta ni a pasar con el coche camino del lavadero, sólo pasan cuando vienen de vuelta. Los perros doblan la esquina para alejarse al dejar su rastro y para buscar el de otros y hasta el viento mantiene a raya los papeles y bolsas que suele mover por otras calles del pueblo. Don Federico y su limpieza siguen presente en la calle aunque haga años que pasó por última vez.

lunes, 26 de mayo de 2014

Un largo paseo 13/05/14

La puerta de la calle está cada vez más lejos de sillón. Parece que cada noche alguien agranda la casa alejando el aseo de la cama, la cocina del comedor y la calle de las ganas de salir. Quien sea el malvado que aparece aprovechando la oscuridad, hace que los relojes vayan cada día más lentos y que el movimiento de sus agujas suene más fuerte que el teléfono o la televisión, que poco a poco se hace más pequeña y se ve peor. Una casa tan grande que se hace más grande cada día, va llenando sus habitaciones de silencio y soledad, un silencio cuyo ruido retumba en la cabeza. Las visitas de los hijos y los nietos no consiguen ocupar el espacio por mucho tiempo y la calle llama cada vez menos a la puerta. Pero todas las mañanas abre su puerta y sale a la calle, aunque nadie le llame. Busca el sol o la sombra, según el tiempo. Busca a los amigos que le quedan, busca las aceras más anchas y más largas, busca las fichas de dominó resonar sobre la mesa del bar de la esquina. Busca el chato de vino, la reja del colegio de los nietos, la fruta y el pan de cada día. Busca acortar el día alargando el paseo, busca dar cuerda al reloj por si tiene ganas de pararse, busca llevar nuevos sonidos en la cabeza que llenen su tiempo y hagan más pequeña la casa que se agranda por la noche. Sale de casa con el ceño fruncido y vuelve con una sonrisa, porque trae en los bolsillos un día más de sencillas alegrías, y hace mucho que perdió la cuenta.

viernes, 23 de mayo de 2014

Guarromán y otros pueblos 12/05/14

Para los vecinos de Guarromán el nombre de su pueblo no tiene nada de raro, porque lo llevan escuchando toda la vida. Les pasa lo mismo a los que viven en Gor, en Jun, en Cabeza la Vaca, en Herencia, en Carratraca, en Macharaviaya o en Malcocinado, para ellos los raros son los nombres del resto, cuando para el resto su pueblo tiene un nombre imposible  pronunciar o gracioso. El nombre tiene a veces un origen muy distinto al resultado actual, como en el caso de Guarromán, que por lo que he encontrado procede del árabe Wadi-r-rumman (Río de los granados), que derivó en Guadarromán y luego en el  actual. Así que no tiene nada que ver con los cerdos,  aunque los árabes que pusieron el nombre estarían escandalizados del resultado final. Es algo parecido a cuando unos padres ponen nombre a sus hijos para que luego terminen llamándolos de otra forma, como a un Enrique que llamen Kiki, lo que pasa es el que  aquí los padres hace tiempo que se fueron y ya no creo que les moleste mucho. 

Esto nos hace ver que somos una mezcla entre nuestro origen y lo  que hemos ido encontrando en nuestro camino, que no siempre hemos sido iguales y que en el futuro no seremos iguales a como somos ahora. España siempre ha sido punto de partida, lugar de paso y destino a la vez, y lo que somos hoy es la mezcla de todos los que pasaron por aquí o decidieron quedarse. Lo vemos hasta en los nombres de los pueblos en los que vivimos. 

jueves, 22 de mayo de 2014

Paella Skänka 11/05/14

No tengo claro si es bueno que hayamos conseguido exportar la idea de la paella, o malo que al haberla exportado ahora sean otros los que las fabriquen y las vendan, lo que al menos resulta curioso es llegar a IKEA y encontrar que le han puesto de nombre Skänka, un nombre que no creo que se le haya ocurrido a ningún valenciano, y que habría que ver si les gusta, porque una cosa es que otros adopten nuestras costumbres y otra que otros adapten nuestras costumbres a las suyas. Hace unos meses hubo una importante polémica entre expertos paelleros valencianos porque en un anuncio de televisión aparecía una paella con ingredientes incorrectos, así que encontrarse un nombre sueco no creo que les haga mucha gracia. Tampoco es para enfadarse porque los suecos cocinen en paella, aunque lo que cocinen sean albóndigas suecas, ya que en muchas de nuestras cocinas hay un wok en el que cocinamos lo que nos da la gana. Las grandes ideas siempre han dado la vuelta al mundo, y ahora el mundo es cada día más pequeño, así que es cada vez más normal encontrar jamón en China o brotes de bambú en España. Traemos a nuestras cocinas salsa de soja, mostaza francesa o curry con la misma naturalidad que hace siglos llegaron la pimienta o la nuez moscada, con lo que seguimos ampliando nuestro ya completo recetario, que no sería el mismo sin los tomates o los pimientos que llegaron de América o sin la citada pimienta. No serán lo mismo tampoco las paellas que coma a partir de ahora, porque siempre me acordaré de Skänka y de IKEA.

Ingeniero en fabricación de cerveza 10/05/14

Hemos pasado en poco tiempo de tener un país en el que la mayoría de la población apenas tenía estudios primarios a encontrarnos con uno en el que todo el que nace tiene estudios básicos elevados y un alto porcentaje tiene estudios universitarios. Ahora casi todo el mundo tiene al menos acceso a educación superior y tener un título universitario casi ha dejado de depender de las posibilidades económicas de la familia. Con eso hemos conseguido tener una sociedad con un nivel cultural medio bastante alto, sobre todo si nos comparamos con la de hace pocas décadas, aunque todo sea mejorable. Al menos ahora las oportunidades de llegar a ser lo que uno quiera son casi iguales para todos. Lo malo de eso, porque todo tiene un lado malo, es que hay mucha gente con la misma formación y los mismos títulos, más de los que nuestra sociedad puede asumir, y en muchos casos tener un título universitario no implica encontrar trabajo, así que muchos títulos han dejado de tener el valor de antes, que era el valor de la escasez. Si antes había pocos maestros y pocos aparejadores, su posición social era elevada, ya que su título, además de una educación cultural mayor implicaba un trabajo y un sueldo mejor. Ahora hay tantos universitarios que para diferenciarse por encima de los demás hay que complementar los estudios con másteres, idiomas, cursos, prácticas, etc. Muchas empresas y muchas Universidades han encontrado un filón en la formación complementaria, e imparten una cantidad de estudios imposible de contabilizar, previo pago de altas matrículas que casi garantizan el aprobado. Al final llegamos a lo mismo, a personas con cientos de horas de estudios complementarios en un puñado de títulos más o menos reglados que compiten entre ellos por unos pocos puestos de trabajo. Ha llegado el momento en el que muchos títulos han perdido todo el valor que tenían, aunque hemos ganado una sociedad mejor formada.

Ahora más que nunca es el momento de aprovechar bien el tiempo de preparación que tenemos antes de buscar trabajo, de no estudiar lo que sea con el fin de tener un título o varios, sean los que sean y sólo por tenerlos, porque a lo mejor es más rentable aprender a fabricar cerveza y montar una pequeña fábrica artesanal que dedicar seis o siete años a estudiar un grado, un postgrado y un máster para terminar sirviendo la cerveza que fabrica otro.

miércoles, 21 de mayo de 2014

Sano y natural 09/05/14

Cuando escuchamos palabras como natural y ecológico, o el prefijo bio unido a otras y relacionadas con la alimentación, suponemos rápido que son alimentos más sanos, menos procesados, de más calidad, y en definitiva mejores si los comparamos con el resto, pero hay que tener cuidado, porque la realidad no siempre va asociada al nombre. Hace unos años el gobierno obligó a muchas marcas a eliminar las denominaciones bio de muchos de sus productos, sobre todo yogures y zumos, pues se demostró que no eran ni más naturales ni más saludables que el resto. 

A veces porque nos quieren confundir o directamente engañar, y otras porque confundimos churras con merinas, nos encontramos con cosas que no son lo que parecen, o que incluso pareciendo otra cosa, nos dicen que es la contraria, y me explico: si una parte fundamental de la leche es la lactosa, que se la quiten tiene que suponer algún tipo de procesado, por lo que deja de ser natural. Otra cosa es que a ciertas personas le siente mal la lactosa y que alguien se preocupe de quitársela, siendo más sano su consumo para esa persona, pero no más natural.

Está bien consumir productos naturales, pero está mejor saber si son realmente naturales o no. Eso es complicado, porque podemos terminar necesitando ver cómo cultivan los tomates o cómo se alimentan las vacas que nos darán la leche, y puede ser de locos. También tenemos que entender que no todo lo natural es sano, como no es sano comer medio quilo de tocino al día, por muy natural que sea. En definitiva, que como con todo en la vida tampoco podemos obsesionarnos, porque obsesionarse no es nunca sano, aunque sea natural. 


martes, 20 de mayo de 2014

El perro meón 08/05/14

Para vender hay que llamar la atención, ya sea con el nombre de un bar donde vender comida o con el aspecto de una ciudad para vender la imagen de la misma. Los Ayuntamientos se lo toman en serio a la hora de llamar la atención, e intentan salir en las noticias y en los comentarios de la gente lo máximo posible, y tienen que dar muchas vueltas al coco para ser originales. Gastan millones para que el arquitecto de moda haga un auditorio que se va a usar dos veces al año, pero que saldrá en todas las revistas de arquitectura y atraerá a turistas aunque sea a fotografiarlo por fuera, para luego tomar un café en el bar de enfrente. Llenan las rotondas y parques de esculturas que unos llamarían raras, otros originales y otros arte para que la gente pregunte a sus amigos en Facebook por dónde se han hecho esas fotos tan chulas e ir a hacérselas ellos, y de camino pasar un fin de semana. Para qué nos vamos a engañar, una escultura de un perro meando llama la atención más que una de Felipe II montando a caballo. Ya nadie hace fotos a Felipe II, que lleva siglos en el mismo sitio, pero un gracioso perro que mea con la lengua fuera, merece una foto para el recuerdo.