Hemos pasado en poco tiempo de tener un país en el que la mayoría de la población apenas tenía estudios primarios a encontrarnos con uno en el que todo el que nace tiene estudios básicos elevados y un alto porcentaje tiene estudios universitarios. Ahora casi todo el mundo tiene al menos acceso a educación superior y tener un título universitario casi ha dejado de depender de las posibilidades económicas de la familia. Con eso hemos conseguido tener una sociedad con un nivel cultural medio bastante alto, sobre todo si nos comparamos con la de hace pocas décadas, aunque todo sea mejorable. Al menos ahora las oportunidades de llegar a ser lo que uno quiera son casi iguales para todos. Lo malo de eso, porque todo tiene un lado malo, es que hay mucha gente con la misma formación y los mismos títulos, más de los que nuestra sociedad puede asumir, y en muchos casos tener un título universitario no implica encontrar trabajo, así que muchos títulos han dejado de tener el valor de antes, que era el valor de la escasez. Si antes había pocos maestros y pocos aparejadores, su posición social era elevada, ya que su título, además de una educación cultural mayor implicaba un trabajo y un sueldo mejor. Ahora hay tantos universitarios que para diferenciarse por encima de los demás hay que complementar los estudios con másteres, idiomas, cursos, prácticas, etc. Muchas empresas y muchas Universidades han encontrado un filón en la formación complementaria, e imparten una cantidad de estudios imposible de contabilizar, previo pago de altas matrículas que casi garantizan el aprobado. Al final llegamos a lo mismo, a personas con cientos de horas de estudios complementarios en un puñado de títulos más o menos reglados que compiten entre ellos por unos pocos puestos de trabajo. Ha llegado el momento en el que muchos títulos han perdido todo el valor que tenían, aunque hemos ganado una sociedad mejor formada.
Ahora más que nunca es el momento de aprovechar bien el tiempo de preparación que tenemos antes de buscar trabajo, de no estudiar lo que sea con el fin de tener un título o varios, sean los que sean y sólo por tenerlos, porque a lo mejor es más rentable aprender a fabricar cerveza y montar una pequeña fábrica artesanal que dedicar seis o siete años a estudiar un grado, un postgrado y un máster para terminar sirviendo la cerveza que fabrica otro.
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