Ropa tendida al sol que tarda minutos en secarse. Por algo estamos en la Costa del Sol, y aquí casi todo gira en torno a él. Semanas complentas en las que apenas se ve una nube atraen a millones de turistas que buscan su ración diaria tumbados como lagartos, persianas bajas en las casas filtran la cantidad mínima necesaria para evitar las gafas oscuras. Tan necesario y tan abundante que unos lo buscan y otros lo evitan, turistas bronceados y marineros de piel curtida. Apenas hemos aprendido a aprovechar todo lo que puede ofrecernos y ya llamamos a esta tierra: Costa del Sol, a ver como la llamamos el día que aprendamos.
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