Paredes que puntualmente encaladas una vez al año reflejan la luz del sol y mantienen frescas las casas. Tradiciones que se mantienen desde hace siglos, en este caso en el sur de España al igual que en muchos de los paises del Mediterráneo. Un mar que durante decenas de siglos ha sido el punto de encuentro de pueblos de las diferentes riberas, unas veces para el comercio, otras para la guerra, pero siempre para el intercambio y aprendizaje común. Fachadas encaladas en calles intrincadas son comunes a lo largo y ancho de este mar que nos une y nos separa.
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