lunes, 4 de noviembre de 2013

La alcazaba 03/11/13

La alcazaba de Badajoz está en un sitio privilegiado. Hace mil años no había políticos que pusieran la primera piedra ni que inauguraran obras poniendo una placa con su nombre, así que no sabemos a ciencia cierta quién la mandó levantar, y generalizamos diciendo que fueron "los almohades". Es un balcón sobre el Guadiana, y levantada sobre el Cerro de la Muela domina kilómetros de su vega antes y después de su paso por Badajoz. Los almohades eligieron la mejor parcela disponible para situarla en un tiempo en que era más importante la defensa de la ciudad que la especulación urbanística, porque desde allí la vista supera los quince kilómetros que la separan de la vecina Elvas en Portugal. En mil años le ha pasado de todo, y como parte del escudo de la ciudad sólo entre 1811 y 1812 sufrió cuatro asedios en la Guerra de la Independencia, algunos seguidos de saqueos más destructivos que los propios asedios. Esta ciudad no tiene demasiados grandes monumentos en pie porque lleva siendo frontera toda su vida, y siempre mandamos a nuestros ejércitos a arrasar las fronteras, que es dónde suelen encontrarse primero con los ejércitos de los demás. Cuando la ciudad creció tanto que dejó de necesitarla perdió su valor, y pasó muchos años de abandono y desidia. Hoy la alcazaba ha recuperado parte de su esplendor y parte de su vida, porque cada vez está más llena de visitantes, pero hace sólo veinte años era un lugar deprimido en un entorno deprimido, el alma abandonada de esta ciudad que le dio la espalda. Hoy en cambio reúne a decenas de jóvenes y no tan jóvenes que vienen a pasar la tarde bajo los pinos de sus jardines, alberga una Facultad de la Universidad, y es que los universitarios fueron los primeros valientes que fueron reconquistando esta parte de la ciudad en un momento en que estaba ocupada por la delincuencia y la droga. Gracias al empeño de las administraciones (a veces los políticos nos sorprenden haciendo las cosas bien), de las asociaciones vecinales, de empresarios valientes y de ciudadanos con ganas de recuperar sus orígenes, podemos disfrutar de nuevo del lugar donde se fundó la ciudad.

Llevo toda mi vida paseando por los adarves de estas murallas. Desde que tengo uso de razón he mirado a través de sus almenas hacia la ciudad, hacia el río, hacia el Fuerte de San Cristobal. Primero de la mano de mis padres, luego muchas veces solo y otras acompañando yo. He llevado allí a cada amigo que llegaba a Badajoz por primera vez. Elegí como Proyecto Final de Carrera la rehabilitación de un edificio adosado a la muralla y mi primer trabajo fue en las obras de rehabilitación de la Plaza Alta, así que me unen muchas cosas a esta alcazaba y a su entorno. Este fin de semana la he vuelto a visitar, con amigos y con mi mujer, y pienso en que la próxima vez que atraviese sus puertas no lo haré como hijo, ni como hermano, ni como amigo, ni como esposo. Lo haré por primera vez como padre que lleva a su hija a conocer sus orígenes, y a que sus orígenes la conozcan a ella.


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