viernes, 20 de septiembre de 2013

Archivadores 19/09/13

Sorprende darse una vuelta por el campo y encontrar archivadores dispersos entre los pinos. Alguien los ha colocado ahí y el resto del mundo pasa cerca sin prestar atención al orden con que están colocados y el cuidadoso esmero con que están conservados en el medio del campo, al alcance de algún gamberro o al deterioro de la lluvia. Aparentemente no hay nadie trabajando alrededor, pero esta oficina al aire libre tiene una constante actividad productiva. Solo hace falta acercarse un poco y sentir el zumbar de miles de diminutos e incansables operarios que se encargan de recolectar el néctar de las flores repartidas por la sierra, y archivarla en forma de dulce miel, a la espera de que vengan a recogerla. De vez en cuando aparecen las manos expertas del apicultor que se encargan de conservar y reparar las colmenas, que es un nombre mas bonito que archivadores, y de extraer la miel y la cera. Un trabajo tan artesanal que ha cambiado poco en los miles de años que llevamos aprovechando el trabajo de las abejas, y que durante mucho tiempo y en muchos lugares fue la única fuente de dulzor. Las abejas tienen dos trabajos muy importantes para nosotros, y no les prestamos la atención que merecen: El primero es el ya señalado, que fabrican para nosotros un producto tan rico en sabor y propiedades como la miel, y el segundo que en su viaje de flor en flor en busca de los mejores ingredientes para la miel, llevan en sus patas de una planta a otra el polen que permite la fecundación de la flor, que se convertirá en la semilla que luego será una nueva planta. Y todo esto gratis, porque hasta ahora las abejas no han formado un sindicato para negociar sus condiciones laborales.

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