Soy extremeño, de esa tierra a la que miran los pintores para llenar su paleta de colores. Donde el Sol vuelve los atardeceres rojos al morir en Portugal y fundirse con la tierra. Tierra que es roja como la sangre de los agricultores que llenan nuestras mesas de cerezas del Jerte, Pimentón de la Vera, tomates de Miajadas o vino de Almendralejo, en platos y vasos de barro de Salvatierra. Donde existen mares interiores y playas de agua dulce en los que el azul del cielo encuentra su espejo, como en La Serena, Orellana o Alcántara. Donde el verde de las dehesas de Tentudía llega hasta los robledales de Las Hurdes siguiendo el camino que un día marcaron los romanos como Vía de la Plata. Donde la jara florece con el color de la nieve de Gredos.
Aquí el campo todavía es campo y las cigüeñas ya no se quieren ir. Campo en el que todavía se escucha la berrea de los ciervos y a donde media Europa viene a ver buitres y águilas, buscándolos en Monfragüe. Montes que cerdos y vacas comparten con jabalíes y zorros. Bosques de alcornoques que sellan con su corcho los mejores vinos del mundo.
Tierra de casas encaladas en el sur y fachadas de piedra en el norte. De imperiales ruinas romanas en Mérida, de palacios medievales en Cáceres y alcazaba almohade en Badajoz. De villas como Zafra, Jerez de los Caballeros, Trujillo o Plasencia, donde el paso de los siglos no ha arrugado su señorío medieval.
Ciudades que un día abandonaron Pizarro y Hernán Cortés para buscar fortuna acompañados de miles de extremeños sin nombre para la Historia, porque los extremeños siempre hemos tenido facilidad para hacer la maleta y asentarnos en otras tierras. Los extremeños estamos orgullosos de ser extremeños y españoles, y allí donde nos lleva el destino hacemos gala de ello, pero también somos agradecidos con los lugares y gentes que nos acogen, y les entregamos nuestro cariño y nuestro trabajo.
El 8 de septiembre somos mas los extremeños que celebramos nuestro día desde fuera de Extremadura que desde dentro, y siendo religiosos o no, nos acordamos de la Virgen de Guadalupe, patrona que compartimos con media América. Seguimos siendo extremeños anónimos para la Historia que un día como hoy, desde la distancia pensamos: "Yo también quiero ir a Extremadura".
Ciudades que un día abandonaron Pizarro y Hernán Cortés para buscar fortuna acompañados de miles de extremeños sin nombre para la Historia, porque los extremeños siempre hemos tenido facilidad para hacer la maleta y asentarnos en otras tierras. Los extremeños estamos orgullosos de ser extremeños y españoles, y allí donde nos lleva el destino hacemos gala de ello, pero también somos agradecidos con los lugares y gentes que nos acogen, y les entregamos nuestro cariño y nuestro trabajo.
El 8 de septiembre somos mas los extremeños que celebramos nuestro día desde fuera de Extremadura que desde dentro, y siendo religiosos o no, nos acordamos de la Virgen de Guadalupe, patrona que compartimos con media América. Seguimos siendo extremeños anónimos para la Historia que un día como hoy, desde la distancia pensamos: "Yo también quiero ir a Extremadura".
Un resumen perfecto y emotivo de nuestra tierra. Eres un artista.
ResponderEliminar